Marcelo Alberto Futerman repasa en qué tareas de todos los días una herramienta de inteligencia artificial resulta útil y dónde están sus límites, para usarla con expectativas realistas.
Alrededor de la IA conviven dos ideas exageradas. Una dice que puede hacerlo todo; la otra, que no sirve para nada serio. En la práctica, lo más provechoso es conocer bien el borde: saber qué trabajo se le puede pasar sin miedo y cuál tiene que seguir en manos de alguien que responda por él.
Lo que hace bien
Explicar
Frente a un tema nuevo, un término técnico o un documento denso, un asistente puede reformular la idea con palabras simples, dar un ejemplo y responder preguntas de seguimiento. Funciona como un primer acercamiento: ayuda a ubicarse y a saber qué preguntar después.
Redactar
Un correo, el resumen de una reunión, la estructura de un informe, una lista de puntos para una presentación. La IA resuelve rápido el primer borrador, cambia el tono, acorta o alarga. El texto final igual necesita una lectura atenta, pero arrancar con algo armado ahorra bastante esfuerzo.
Clasificar
Separar mensajes por tema, etiquetar comentarios como consulta, sugerencia o queja, agrupar ideas sueltas de una lluvia de ideas. Son tareas repetitivas donde un criterio claro, explicado en el pedido, alcanza para obtener un resultado aprovechable.
Ordenar
Convertir notas desordenadas en una lista de pendientes, pasar un texto corrido a una tabla, proponer un orden lógico para los pasos de un proceso. La herramienta no agrega conocimiento nuevo, pero pone en limpio lo que ya está.
Lo que no puede hacer
Decidir por nosotros
Una IA puede enumerar ventajas y desventajas de dos caminos, pero no carga con las consecuencias de elegir uno. No conoce las prioridades de la persona, el momento del equipo ni lo que está en juego más allá del texto que recibió. La decisión, y la responsabilidad que viene con ella, siguen siendo de quien la toma.
Saber cuándo no sabe
Un modelo de lenguaje produce respuestas con el mismo tono seguro tanto cuando acierta como cuando se equivoca. Puede completar un dato faltante con algo verosímil y presentarlo sin ninguna advertencia. Por eso un nombre, una fecha o un número que salen de una IA se tratan como pista, no como hecho.
Reemplazar la fuente primaria
Un resumen es útil para orientarse, pero no sustituye al documento original: el contrato, la norma, el manual, el informe firmado. Si algo importa de verdad, se lee en el lugar de donde sale. La IA puede señalar dónde buscar; la confirmación está en otra parte.
Conocer lo que no le contaron
La herramienta no sabe cómo trabaja una empresa en particular: sus acuerdos con clientes, sus reglas internas, la historia de un proyecto o por qué algo se hace de cierta manera. Solo dispone de lo que se incluye en el pedido. Si falta ese contexto, la respuesta será genérica, aunque suene adaptada. Y antes de sumar información interna, conviene revisar qué está permitido compartir.
Cómo repartir el trabajo
Un criterio sencillo sirve para casi todo: la IA prepara y la persona responde. Puede armar el borrador, la tabla o la clasificación; alguien revisa, corrige, agrega lo que solo se conoce desde adentro y decide si eso sale. Cuanto mayor es el efecto de un error, más corta debería ser la parte delegada y más cuidadosa la revisión.
También ayuda distinguir entre tareas de forma y tareas de fondo. Cambiar el formato, resumir o reordenar son tareas de forma, y ahí la herramienta rinde mucho. Elegir, evaluar, prometer o afirmar algo nuevo son tareas de fondo, y ahí su aporte es apenas un insumo.
Checklist rápido
- [ ] ¿La tarea es explicar, redactar, clasificar u ordenar?
- [ ] ¿Hay una decisión en juego? Si es así, la toma una persona.
- [ ] ¿Aparecen datos concretos? Se confirman en la fuente original.
- [ ] ¿La respuesta necesita contexto interno que no di?
- [ ] ¿Alguien revisa el resultado antes de que salga?
Con esos límites a la vista, la IA deja de ser una promesa difusa y se convierte en una ayuda concreta dentro de la rutina laboral.
Para ver un caso aplicado a ordenar datos en hojas de cálculo, lo conté en esta nota del blog.
— Marcelo Futerman




